La belleza y la cirugía estética:

La belleza, signo de los tiempos, ese objetivo buscado desde siempre, es hoy más que nunca objeto de veneración hasta los límites de lo imposible. Cada mujer y hombre, especialmente en las culturas occidentales, busca mejorar su imagen corporal, para poder adaptarse a esta "nueva sociedad", donde lo lindo es mejor visto y atendido y así llevar adelante una existencia "digna", sin arrugas o pliegues indeseados, con una nariz más recta, con las mejillas tensas, las mamas elevadas y las piernas y abdomen sin la adiposidad tan inoportuna.
De acuerdo al dicho que "No hay juventud sin belleza, ni belleza sin juventud", nada podría hacer hoy la cirugía plástica, para devolver a esa persona, sus características corporales perdidas, deformadas o ausentes desde siempre, ya que cada ser que viene a la consulta es único e irrepetible. De ahí que es fundamental que cada persona busque no solo el momento oportuno, sino también al cirujano adecuado, para que lo que perdió o no tiene, no se transforme luego de una o varias cirugías en un nuevo defecto, por exceso u omisión y que muchas veces no tiene solución adecuada.
Es aquí donde la consulta adquiere una gran significación, y no debe tratarse como un mero trámite, ya que conocer a quien nos va a operar, como darle a conocer lo que sentimos y deseamos es clave a la hora de tomar decisiones que van a llevar a un correcto resultado final. De lo normal a lo ridículo, el paso es practicamente imperceptible y no solo depende de los deseos del individuo que se va a exponer a una cirugía cosmética, sino del sentido común del cirujano para explicar que es lo correcto, hacerlo conocer y poder llevarlo a cabo con precisión y sencillez. Y es aquí donde debemos hacer hincapié para entender que la belleza no solo es algo aislado como una nariz linda, unos ojos sin arrugas y bolsas o un abdomen plano y juvenil, sino un conjunto de elementos que en armonía constituyen un total donde cada uno juega un papel importante y es en la armonía de las formas donde la belleza adquiere su real dimensión, única y universal, nunca pasada de moda ni fuera de contexto en la sociedad que vivimos.
La Cirugía Plástica posee un gran arsenal de métodos y formas para lograr que todo esto se vuelva realidad. Una realidad sensata, calma y que depende en la gran mayoría de los casos de un encuentro único entre la biología y contextura del paciente y la habilidad del cirujano para lograr el resultado final propuesto. Y le doy gran significación a ese encuentro, ya que tanto en la vida como en la cirugía la primera oportunidad para corregir o mejorar algo, siempre es la mejor.
El deseo de verse bien, no solamente depende de un estado de ánimo adecuado, sino también de una correcta y justa apreciación de los defectos que poseemos (mediante un conocimiento de nuestro cuerpo), para poder saber en realidad que lo buscado es lo "normal" para cada uno de nosotros y no estamos persiguiendo un mito, una figura a la que parecernos, imitando no solo ya sus gestos, sino sus formas, rasgos y colores, que solo pertenecen a esa persona y a nadie más. Nosotros somos solos y únicos en esta vida y mediante la interactividad con los demás podemos tener una imagen real y verdadera de lo que somos, para no engañarnos y buscar lo imposible donde no existe y que es en nuestro cuerpo. Las expectativas falsas y desmedidas, no corregidas por el cirujano llevan siempre a una insatisfacción con el resultado final aunque el mismo haya sido perfecto. Aquí la magia se transforma irremediablemente en un juego de realidades, las del individuo y las del cirujano y es en este donde el sentido común y el conocimiento real de las técnica a aplicar en cada individuo, deben ser lo más justas y atinadas posibles para que finalmente la belleza no se transforme en fealdad y en estigmas quirúrgicos, que el resto de la sociedad condena no solo con sorpresa sino también con ironía.
Siempre hay que tratar de corregir lo que se puede, mejorando cada rasgo y característica hasta el punto en que el sentido común nos dice que hay que detenerse para que en el resultado final solo aparezca el equilibrio de la belleza que pertenece a ese individuo y a nadie más.
Nada es eterno, pero todo lo que hagamos por nosotros durará por siempre.

 

 

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